¿Delgado? Entonces debe ser negligencia. ¿No?

Un caballo flaco. Lo ves de pie en el prado. Costillas visibles. Ángulo de la pelvis afilado. Un pelaje opaco y algo en la postura que no encaja.
Y en tu cabeza ocurre automáticamente: “Ese dueño no se encarga de eso. Qué lástima.”

¿Pero es eso realmente así?

Somos rápidos para juzgar. Porque la desnutrición, ¿no es acaso algo relacionado con el descuido? ¿De caballos que son olvidados? ¿O a los que se les niega el alimento a propósito?

Creo que esa imagen no solo es incompleta, sino peligrosa.

¿Pero qué tal si la desnutrición no es el resultado de la falta de voluntad, sino de la ignorancia?
¿Y si el caballo sí recibe comida, pero no la que necesita?
¿Qué pasa si el propietario piensa sinceramente que lo está haciendo bien, y aun así sale mal?

No todo error es negligencia

Me los he encontrado. Caballos con acceso a pasto, heno y pienso. Que aun así adelgazan. O se ponen apagados. Que sobre el papel reciben suficiente, pero en la realidad se quedan cortos.

No porque no esté bien cuidado. Sino porque el falta conocimiento, análisis o matiz.

Porque se ha perdido el equilibrio.
Porque el heno llena, pero alimenta muy poco.
Porque la flora intestinal está arruinada.
Debido a que la dominación en el rebaño es tal que un caballo simplemente no recibe su porción.

Y eso no siempre se ve de inmediato en el peso.
Porque un caballo con un cuerpo normal puede becario todavía pasar hambre.
Un caballo puede estar desnutrido sin estar flaco.

Pero preferimos no decir eso

Porque eso genera preguntas.
Sobre nuestro enfoque.
Sobre nuestro juicio.
Acerca de nosotros.

Así que preferimos fingir que solo sucede ‘allí’. En los demás.
En personas que ‘no saben nada de nada’.
En ‘ese tipo de establos’.
Y mientras tanto nos perdemos las señales justo debajo de nuestras narices.

Un pelaje opaco.
Un caballo que se comporta con inquietud al ser alimentado.
Un casco que ya no crece.
Un estiércol que cambia, pero del cual decimos: “Ah, esa es la transición a la ración de invierno.”

Seamos sinceros

Si un caballo pierde peso, o muestra signos de una deficiencia, no siempre es culpa del dueño. Pero siempre es nuestra responsabilidad mirar.
Para aprender.
Para pedir ayuda cuando ya no sabemos qué hacer.
Y sobre todo: para no descartar esas primeras señales.

Want ondervoeding laat zich niet altijd luid horen. Soms is het een fluistering. Een kleine verandering. Een gevoel dat je paard niet helemaal presente es.

Y si esperas a que grite, en realidad ya es demasiado tarde.

Pues no, flaco no significa siempre maltrato.

Pero ignorar que la desnutrición también puede afectar a nuestros caballos,
es una forma de negligencia de la que sí somos responsables.

Imagen de Ik ben mira

Soy mira

Soy esa mujer que constantemente pierde sus gafas, olvida sus llaves, nunca encuentra su teléfono. ¿Pero mi opinión? Esa siempre la tengo lista.

Mitad loba, mitad mujer: literalmente en mi foto de perfil de Facebook, figurativamente en todo lo que hago. Soy alguien de extremos. Intuitiva y aguda. Calma y tormenta. Silencio y voz. Suave con lo que es vulnerable. Dura con lo que daña conscientemente. No soy una versión perfecta de mí misma. Sí una honesta.

Trabajo con personas, sistemas, alimentación, caos y visión. A veces también con caballos, y a menudo con principios. Creo en la verdad por encima de la diplomacia, y en los matices sin ambigüedades.

Aquí comparto lo que me ocupa. Lo que roza, lo que conmueve, lo que cuadra. Bienvenido a mi cabeza. Es un poco salvaje, pero siempre real.
#másquealimentación #MIRA

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